Editorial de El Inversor Inquieto

El viento comienza un cambio de dirección

El tsunami o huracán que provocó la pandemia, está empezando a dar un nuevo giro, que nos adentrará en territorios no explorados hasta la actualidad. El cierre de las economías, provocando la mayor recesión mundial, desde la segunda guerra mundial, obligó a los países a tomar decisiones nunca vistas y de consecuencias imprevisibles.

En la parte negativa de lo sucedido, al margen de los fallecimientos y dramas personales, debemos mencionar la destrucción de empleo y quiebras, que han intentado minimizarse con un plan de estímulos, por parte de los países afectados, en lo que podríamos considerar dos fases: la primera para amortiguar el impacto de la recesión y la segunda, asignar fondos para la recuperación mundial posterior.

Mientras los Gobiernos tomaban esas decisiones, los Bancos Centrales se ponían a fabricar dinero, como nunca en la historia, en forma de compras mensuales de deuda y bajadas de tipos de interés extremas. Tanto es así, que los tipos de interés en negativo, parecen haber llegado para quedarse, aunque todos sabemos que esa distorsión de mercado tan peligrosa, no puede instalarse para siempre.

Todas esas medidas, que han surtido efecto, están provocando alarmantes dudas sobre que va a pasar en un mundo tan endeudado, tanto en el sector privado como en el público, cuando se normalice la evolución de las economías. A estas dudas no hay respuestas contundentes, aunque si análisis e informes que hablan de insolvencias para aquellos agentes económicos, que hayan sufrido más el impacto de la pandemia y que no utilicen de forma eficiente los recursos destinados a la recuperación. En lo que también coinciden los expertos, es que resulta difícil calibrar los impactos, porque el renacer de las economías, se está produciendo de manera desigual y en tiempos distintos.

La otra gran incógnita que nos trae el cambio de dirección del viento, tanto más intenso cuanto más crezcan las economías, la encontramos en los mercados financieros y las posibles burbujas que tanta liquidez están creando. La famosa exuberancia irracional de la que hablaba Greenspan, ahora está tomando fuerza, para algunos sectores que se han puesto de moda en el último año. En las megatendencias, las criptomonedas, o nuevas formulas de invertir, está puesta la atención. En algunos por valoraciones, en otros por opacidad y en muchos, por las dos cosas.

Con estas alertas sobre la mesa, ahora más que nunca, los inversores deben recordar lo que ayuda a preservar los patrimonios en cualquier entorno, si eso es lo que pretenden conseguir del mercado de capitales. Tener inversiones rentables, no implica en muchos casos que sean exitosas, si el riesgo que llevan detrás puede hacer que se pierda todo el capital o la mayor parte de él. Inversiones exitosas son aquellas que en el medio y largo plazo permiten preservar el patrimonio y superar la inflación, como mínimo.

Para algo tan sencillo de entender, la práctica es bastante más compleja, porque supondrá renunciar a los activos financieros de moda, pero con poca consistencia, supondrá controlar las emociones, supondrá preparar una estrategia de diversificación de activos y gestión independiente, para finalmente aderezarlo con dejar que el paso del tiempo demuestre las bondades de la estrategia.

El especulador no es inversor. El primero busca rentabilidad rápida, sin analizar los riesgos y sin estrategia de largo plazo. El especulador es un jugador, que antes o después recibe un buen zarpazo por el azar en contra. En los mercados financieros, esas situaciones las suelen provocar las burbujas que se pinchan, cuando los cortoplacistas tienen sus bolsillos llenos y la cara con una sonrisa enorme. En este punto se encuentra una enorme masa de jugadores, que en forma de inversores, volverán a sufrir enormes daños, aunque ninguno sabemos cuándo, con total exactitud, aunque sí tenemos la certeza de que sucederá, como ha sucedido en situaciones similares en el pasado.

Para los inversores experimentados y prudentes, recomendarles que sigan manteniendo las estrategias que les han protegido en las crisis anteriores, porque en la que pueda venir, también lo estarán, aunque haya que soportar la volatilidad que sabemos irá en aumento.