Editorial de El Inversor Inquieto

La hora de la verdad para EEUU y para el mundo

Sin ningún género de duda, el acontecimiento de la semana han sido las elecciones de la primera economía del mundo. La expectación que había alrededor de las mismas, respondía realmente al momento crucial en el que se celebraban, así como la trascendencia de su resultado.

Los datos han sido realmente aplastantes, en la se considera la democracia más fuerte y libre del mundo. Las estadísticas, que tanto gustan a los americanos, reflejan récords de hace 120 años, tanto en participación, como en voto por correo, en número de votos de apoyo a los candidatos y hasta en las subidas de los índices bursátiles.

El actual presidente, hasta que el nuevo acceda al cargo, ha cumplido con lo que anunció durante el verano. El resultado desfavorable le ha llevado a intentar bloquear el recuento, solicitar el recuento en algún Estado y ha considerar fraudulentas las elecciones. Esto podría habernos llevado al peor de los escenarios posibles, la crisis institucional en el peor momento posible. No obstante los mercados financieros no se han creído en ningún momento que eso fuese a suceder. Se están limitando a esperar pacientemente el recuento final de votos, que lleven a la investidura al nuevo presidente de los EEUU, dejando a Trump a las puertas de una nueva legislatura, como era su deseo.

El hecho de que el Senado permanezca en manos republicanas, aunque pierdan el Congreso, va a suponer un equilibrio de fuerzas, que están celebrando varios sectores, entre ellos el tecnológico, que parecía amenazado con los demócratas en la Casa Blanca. El mercado bursátil descuenta con subidas, que poco va a cambiar en la política económica americana, en materias importantes como por ejemplo los impuestos, donde ya descartan subidas, que puedan dañar la recuperación de la economía americana.

El presidente de la Reserva Federal, en su comparecencia del jueves, se ha apresurado a pedir que se aprueben las ayudas pendientes desde el mes de julio y que considera imprescindibles para una economía, que está frenando su fulgurante recuperación.

En el resto del mundo, los mandatarios están haciendo sus interpretaciones. Posiblemente el más decepcionado sea el primer ministro británico, porque ya tenía muy avanzadas las negociaciones respecto a los acuerdos bilaterales que van a tener que establecer, tras la salida de Reino Unido de la Unión Europea el 31 de diciembre próximo.

En China se habrán quitado del medio un adversario muy duro, pero difícilmente pueden respirar aliviados, porque el camino iniciado por EEUU para poner coto a los avances chinos en tecnología y otras materias, que los americanos consideran amenazas para su estatus quo en el mundo, no va a cambiar de rumbo. Cambiarán posiblemente las formas, pero en el fondo, la guerra sigue en pie, y más después del papel que China ha tenido en el origen de la pandemia que asola al mundo.

En Europa y en concreto en la Zona Euro, respiran más aliviados, al dejar atrás, al interlocutor más complejo y errático que recuerdan. Habrá que esperar a ver que política exterior va a poner en práctica el nuevo gabinete de la Secretaría de Estado americana, pero a todas luces, parece que será más dialogante, aunque igual de tenaz en la defensa de los intereses estadounidenses.

Todo lo que rodea a los proyectos, acuerdos y objetivos para frenar los efectos del cambio climático, a buen seguro también respiran aliviados, al evitar otros cuatro años de enfrentamiento encarnizado con la administración americana.

En conclusión, el mundo respira algo más aliviado, en un momento en el que la segunda ola de la pandemia está dejando números devastadores tanto en lo sanitario como en lo económico, para muchos países y desgraciadamente, el nuestro, sigue con los peores registros, tal y como ha dejado claro Bruselas esta semana.

La recta final del año, para los mercados financieros, ha salvado una gran incertidumbre, ahora le queda el Brexit y las previsiones del impacto de la segunda ola, en las economías.