Editorial de El Inversor Inquieto

Preparándonos para la sensación de “asfixia”

La gran mayoría de los artículos de opinión de esta semana, han tenido presentes el décimo aniversario de la quiebra el banco americano Lehman Brothers, el 15 de septiembre de 2008. Todo ello coincidiendo en esta semana, con la que se ha celebrado la reunión del Banco Central Europeo, afirmando la puesta en marcha del punto y final de la política monetaria ultra expansiva, que comenzó justó en aquel momento.

La acción concertada de los principales bancos centrales del mundo hace 10 años, les llevó a tomar la decisión de bajar los tipos de interés de forma drástica y regar los mercados financieros de liquidez, para evitar buena parte de las consecuencias que en la crisis del 29 provocó, al haberse tomado medidas de política económica en sentido opuesto.

Ahora la preocupación está en detectar cómo van a reaccionar las economías, en concreto la europea, ante el final de la “barra libre” o fabricación de dinero, al que tan acostumbrados están los ciudadanos, las empresas y los gobiernos. Como cualquier adicción, cuando se restringe el consumo de la sustancia adictiva, el sujeto se va a someter a una situación convulsa, coloquialmente conocida como “el mono”.

En EEUU ya hace un par de años que están normalizando su situación y han conseguido adaptar la economía, sin graves contratiempos. Pero todos sabemos que la economía americana está más preparada que las de otros países para adaptarse rápidamente a los cambios, tomando decisiones drásticas y contundentes cuando hace falta, o midiendo los tiempos de temas tan sensibles como las subidas de tipos de interés.

En Europa las cosas son muy distintas. Ahora que el actual presidente del BCE está ya preparando las maletas para irse tras el verano del año próximo, seguro que no dejará pasar la oportunidad de recordar a los distintos dirigentes políticos, que con su política monetaria tan expansiva, les estaba ayudando a ganar tiempo para hacer las reformas en política fiscal, laboral etc… que les preparase para los tiempos que ya van a llegar. Ahora toca hacer análisis de los que han hecho los deberes y quienes se han dedicado a cantar como la “cigarra”. Para estos, la sensación de “asfixia” ante la reducción de la liquidez disponible, les va a traer no pocos quebraderos de cabeza.

Desafortunadamente para los españoles, la situación no será especialmente prometedora. Con un Gobierno que sólo piensa en aumentar el déficit, es decir el gasto, con unos niveles de deuda tan altos y con la espada de Damocles de subir impuestos de forma crítica, vayámonos preparando para que la sensación de “asfixia” llegue también a los ciudadanos y las empresas.

Cuando aún nuestra economía no se ha recuperado de la casi intervención a la estuvimos expuestos, resulta frustrante, que las nuevas generaciones de políticos, sigan cometiendo los mismos errores, que su compatriotas de filas y de colores cometieron. De poco sirve que los protagonistas de aquellos años, dígase Zapatero y Solbes, ahora confirmen que no acertaron con su política en aquellos decisivos momentos, cuando sus sucesores, ni les escuchan, y siguen pensando hacer lo mismo.

Pues no tengamos la menor duda, que si las decisiones políticas erróneas se vuelven a aplicar, las consecuencias no van a ser distintas. Menor inversión, menor productividad y menor recaudación, nos traerá mayor paro, mayores costes sociales, mayores incertidumbre y mayor desconfianza hacia la economía Española. Lo que vendrá detrás también es muy previsible, recortes y conflictos sociales, provocados por los mismos protagonistas y veremos si resueltos por los de siempre.

Ante la asfixia que va a provocar la retirada de liquidez del sistema, como si el oxígeno se redujese en la atmósfera, las economías domésticas y las empresas, deben preparase con tiempo para minimizar los efectos. Equilibrar activos líquidos e ilíquidos e incluso tener más liquidez de la necesaria, es una medida obligatoria. También la protección y preservación de la liquidez, así como separar los riesgos empresariales y familiares. Sería deseable que los gestores de los recursos públicos también preparasen las cuentas para protegernos en futuras tormentas, pero tal vez sea pedir demasiado, al menos por el momento.